EL DÍA DE EXPIACIÓN |
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Ahora veamos Levítico 23.26, 27, 31, 32. "También habló EL ETERNO diciendo .... a los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas [ayuno] ....Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. ....Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo". ¡Asombroso misterio! ¡La unificación con Dios! ¡El hombre por fin hecho uno con su Creador! Nuevamente, en el capítulo 16 de Levítico, versículos 29 y 31, donde se explica el simbolismo del día de la expiación, encontramos que éste fue instituido como día de reposo santo que debe guardarse para siempre: "Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros
Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo". También en Levítico 23.32, la expresión "de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo". Todo observante del sábado cita este pasaje para demostrar que el mismo comienza al atardecer. Si lo creemos, ¿entonces por qué no guardar el sábado al cual se refiere el mismo texto - el sábado solemne del día de expiación, que fue establecido a perpetuidad? ¿Es lógico que citemos constantemente este texto para demostrar cuándo debe comenzar el sábado y luego rehusemos guardar precisamente el día de reposo al cual se refiere? Significado del día de la expiación El día de la expiación nos presenta un acontecimiento grandioso que tendrá lugar después de la segunda venida de Cristo. El mundo lo ignora porque no ha comprendido el significado de estos sábados anuales que son santos para Dios. ¡No ha guardado estos días como recuerdo constante del plan de redención divino! El simbolismo se expone en el capítulo 16 de Levítico, donde se narran los hechos del día de la expiación tal como se efectuaban antes de la crucifixión. Versículo 5: "Y de la congregación de los hijos de Israel [Aarón, o el sumo sacerdote] tomará dos machos cabríos para expiación". Versículo 6: El sumo sacerdote ofrece una expiación por sí y por su casa. Ahora bien, es preciso detenernos en este punto y ahondar en los detalles porque es un pasaje que ha sido mal comprendido. Existen diversos puntos de vista y opiniones, conceptos y explicaciones al respecto. Por lo tanto, cualesquiera que hayan sido nuestras convicciones anteriores, estudiemos con la mente abierta y libre de prejuicios, para examinarlo todo. ¡Nuestra meta es hallar la verdad! La clave de la explicación radica en el significado de la palabra Azazel, que no aparece en ninguna otra parte del Antiguo Testamento. El Comprehensive Commentary dice: "Spencer, ciñéndose a las opiniones más antiguas de hebreos y cristianos, opina que Azazel es el nombre del diablo, y lo mismo opina Rosen". El One Volume Commentary afirma: "Se entiende por Azazel, el nombre de uno de esos demonios malignos". Símbolos de Cristo y Satanás Los dos machos cabríos eran, desde luego, símbolos. Notemos que era preciso echar suertes para decidir cuál era apto para representar a Cristo y cuál a Azazel. Hay quienes dicen que AMBOS eran aptos, pero las Escrituras no lo afirman. No lo demos por hecho. Ahora bien, "echar suertes" es una ceremonia religiosa sagrada por medio de la cual se apela a Dios para que Él decida sobre un asunto dudoso. Se trata de un acto sobrenatural de Dios. Observemos que los hombres eran incapaces de decidir cuál macho cabrío era apto para representar a Cristo. ¡Era preciso apelar a Dios para que Él decidiera! "Una suerte por el Señor, y otra suerte por Azazel". La suerte que era por el Señor simbolizaba a Cristo. La otra no era para el Señor y no simbolizaba a Cristo, sino a Azazel: ¡A Satanás! Estas palabras sugieren que Azazel es el nombre de un ser
¡un ser que es el antítesis de Cristo! El macho cabrío que Dios escogía para representar a Cristo era inmolado - como lo fue Cristo. En cambio, el escogido por Dios para representar a Azazel no era sacrificado sino que se enviaba, vivo, al desierto. No era un macho cabrío resucitado, símbolo de Cristo resucitado, puesto que no moría. El desierto adonde se enviaba no figuraba el cielo, adonde fue Cristo. El cielo no es un desierto. Una vez escogido por Dios el macho cabrío que representaría a Cristo y el que representaría a Azazel, el sumo sacerdote degollaba el becerro (versículo 11) para expiación suya. Después tomaba brasas de fuego e incienso aromático y entraba con ellos "detrás del velo", en el lugar Santísimo, y rociaba la sangre del becerro ante el propiciatorio, símbolo del trono de Dios, el cual estaba sobre el testimonio (la ley). Esto lo debía hacer el sumo sacerdote a fin de purificarse para oficiar y para representar a Cristo como sumo sacerdote. En el antitipo esto ya no se hizo, por cuanto Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, no requería semejante purificación. Ahora el sacerdote levítico se hallaba listo para oficiar. Ahora bien, de acuerdo con la ceremonia levítica, ¿qué o quién representaba desde ese punto en adelante al Cristo resucitado que ascendió al cielo? Algunos dicen que el macho cabrío de Azazel. Veamos. El Cristo resucitado, quien se halla a la diestra de Dios en el cielo (1 Pedro 3.22), es llamado ¡nuestro sumo sacerdote! ¿Cuál era el símbolo terrenal del trono de Dios? ¡No el desierto adonde fue enviado el macho cabrío vivo! El símbolo terrenal del trono era el propiciatorio en el Lugar Santísimo. Cristo, después de muerto y resucitado, fue al propiciatorio celestial para interceder por nosotros como nuestro sumo sacerdote. "
penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec" (Hebreos 6.19-20). El sumo sacerdote - símbolo de Cristo Una vez muerto el macho cabrío degollado, ¿quién penetraba detrás del velo y presentaba la sangre de la víctima inmolada ante el trono simbólico de Dios? El macho cabrío degollado representaba al Cristo crucificado. El sumo sacerdote, al tomar la sangre y llevarla detrás del velo al propiciatorio en el Lugar Santísimo, símbolo del trono de Dios, representaba y cumplía la obra del Cristo resucitado, quien ascendió a la diestra de la Majestad, desde donde intercede como nuestro sumo sacerdote. ¿Cómo es posible seguir enseñando que el macho cabrío de Azazel representaba la obra del Cristo resucitado? ¿Acaso éste llevó la sangre de Cristo detrás del velo, hasta el propiciatorio? El sumo sacerdote, al ir detrás del velo hasta el Lugar Santísimo, simbolizaba el regreso de Cristo al cielo, y su tarea dentro del lugar sagrado simbolizaba la obra de Cristo, quien durante estos 1.900 años ha intercedido por nosotros, presentando su sangre derramada delante del propiciatorio en el cielo. Después, ¿qué hacía el sumo sacerdote para representar lo que hará Cristo a su regreso a la Tierra? El macho cabrío Azazel no expía nuestros pecados ¡Aclaremos este punto! La verdadera causa y el verdadero autor de aquellos pecados es Satanás el diablo. ¿Es justo que Cristo cargue con una culpa que no es suya mientras el diablo sale libre? ¿No es más lógico pensar que en el gran plan de Dios se hará justicia total colocando aquella culpa encima de quien corresponda? Es preciso hacer una distinción muy cuidadosa. Cristo llevó sobre sí nuestros pecados. Porque hemos sido culpables aunque el diablo haya sido la causa original de todo el mal. Sin embargo, la justicia exige que Dios ponga en la cabeza del diablo su propia culpa - no la culpa nuestra, sino la del diablo - por tentarnos a caer en el pecado. Nosotros también fuimos culpables, pero Cristo cargó con nuestra culpa. No obstante, nuestros pecados, siendo culpa del diablo también, ¡deben recaer sobre él! Ahora veamos otro punto. El macho cabrío de Azazel se lleva los pecados del pueblo que ya han sido perdonados
que ya han sido totalmente pagados por el sacrificio de Cristo, lo cual fue representado al degollar al macho cabrío inocente antes de colocar esos mismos pecados sobre el macho cabrío vivo. Con la muerte del macho cabrío inmolado se pagaron estos pecados. El verdadero autor de todo pecado es el diablo. ¿Podremos, entonces, ser unificados con Dios mientras se halle entre nosotros el instigador del pecado? ¿No es evidente que primero debe ser echado fuera? ¿Podría haber justicia divina si la porción de su culpa por nuestros pecados no recayera sobre su propia cabeza? ¿Es justo que Cristo cargue con la culpa del diablo además de la nuestra? Ya Cristo llevó sobre sí nuestros pecados, pero ¿es necesario que los continúe llevando? ¿No deben ser apartados totalmente de nosotros y aun de la presencia de Dios? Así pues, la inmolación del primer macho cabrío y el derramamiento de su sangre expone visiblemente el medio de reconciliación con Dios, a través del sacrificio sustituto de una víctima inocente. De la misma manera, la expulsión del segundo macho cabrío cargado con aquellos pecados, cuya expiación fue representada por el primero, expone de manera igualmente clara el efecto producido por ese sacrificio: ¡la total remoción de aquellos pecados expiados, que no aparecerán más ante la presencia de Dios! Satanás el acusador Satanás es el acusador de los hermanos. Su poder sobre los hombres se fundamenta en el pecado. Cuando todos estos pecados, obra suya, recaigan nuevamente sobre él, una vez que Cristo nos haya librado de ellos, ¡entonces Satanás habrá perdido su dominio sobre nosotros! ¡No podrá acusarnos más! Así, pues, como la aceptación de la sangre del primer macho cabrío (Cristo) simbolizaba la propiciación total y el perdón de los pecados de Israel, así el mandar fuera a Azazel cargado de esos pecados expiados simboliza la eliminación completa de todos los pecados, la liberación del pueblo, por medio de la expiación, del poder del adversario. Si bien el sacrificio de la víctima inocente fue el medio para reconciliarnos con Dios, no constituía en sí una justicia cabal. El echar fuera al segundo macho cabrío muestra la expiación final, al colocar los pecados sobre el autor de los mismos, y muestra también el hecho de quitar los pecados y su autor de la presencia de Dios y su pueblo, librando así al pueblo totalmente del poder de Satanás. Antes de poner fin a este tema, debemos notar que después de colocar las manos sobre el macho cabrío vivo, Azazel, Aarón debía lavarse antes de ponerse en contacto con el pueblo. También el "hombre destinado para esto" (Levítico 16.21, 26) debía lavar sus vestidos y su cuerpo después de tocar al macho cabrío de Azazel y antes de presentarse ante el pueblo. ¡El simbolismo ciertamente implica que habían estado en contacto con el diablo! Si el macho cabrío vivo simbolizara al Cristo resucitado, entonces los pecados que Cristo llevó sobre sí en la cruz serían colocados por manos de otro (representado por el sumo sacerdote) nuevamente sobre Cristo, después de resucitado. ¿Guarda esto una lógica? ¿Tiene algún sentido la teoría de que el macho cabrío de Azazel sea Cristo? No lo tiene. En cambio, el significado verdadero es claro y sencillo, todas las partes encajan perfectamente, y no tiene contradicciones. El primer macho cabrío representaba al Cristo inocente que murió por nuestros pecados; el sumo sacerdote representaba al Cristo resucitado que penetró detrás del velo hasta el propiciatorio o trono de Dios en el cielo y ha permanecido allí por más de 1.900 años; y el regreso del sumo sacerdote para colocar los pecados sobre la cabeza del macho cabrío vivo representaba el regreso de Cristo, quien pondrá los pecados que Él cargó sobre la cabeza del autor, el diablo, y lo enviará vivo a un desierto inhabitado - al "abismo" de Apocalipsis 20.3. El capítulo 19 de Apocalipsis nos presenta la profecía sobre la segunda venida de Cristo. ¿Qué ha de ocurrir, según indica el comienzo del capítulo 20? Exactamente lo mismo que aparece en el capítulo 16 de Levítico. El diablo es echado o arrojado a un "abismo", símbolo de un desierto desolado y deshabitado (Apocalipsis 18.2), y quien lo arroja es un hombre destinado para esto: un ángel del cielo. Cristo no mata al diablo. El diablo no muere sino que está aún vivo mil años más tarde, después del milenio (Apocalipsis 20.7).
Así pues, el día de la expiación anual fue instituido a perpetuidad para que los hijos y la Iglesia de Dios tuviesen siempre presente el plan de redención que tendrá lugar después de la segunda venida de Cristo.
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