¿Cuál es el DÍA de
REPOSO CRISTIANO?

Capítulo Sexto

Por qué fueron esclavizadas Israel y Judá

¿Cuáles fueron los pecados de Jeroboam que tantas veces se mencionan en los libros de los Reyes y Crónicas, en relación con la historia antigua de Israel?
¡Lo que sea pecado para un israelita lo es para un gentil!
Dios tuvo un motivo para poner en vigor su ley. Aquel motivo fue nuestra felicidad. Cada gemido de dolor humano, cada guerra, cada pena y cada tristeza, han sido el resultado del pecado. El pecado nos roba la felicidad, la alegría y la prosperidad.
Dios ama a los humanos. Por tanto, aborrece el pecado, pues este es enemigo del hombre. ¡Dios castiga por el pecado!
Si usted lo toma a la ligera, si cree que Dios no percibe y castiga los pecados, le conviene aprender ahora, de qué manera trató Dios a su pueblo escogido cuando quebrantó su sábado.


Por qué fueron esclavizados los judíos

¿Sabe usted por qué Asiria invadió a Israel, la conquistó y la arrebató de su tierra como esclavos entre 721 y 718 a.C.?
¿Sabe por qué el reino de Judá (los judíos) fue tomado después en cautiverio y dispersado por todo el mundo? ¡Ambas naciones de Israel fueron castigadas como naciones y expulsadas de la Tierra Santa porque quebrantaron el sábado de Dios!
¿Tenía ello alguna importancia? Ciertamente, ¡para Dios sí! Y Él dice que no ha cambiado, que es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13.8).
Primero, veamos por qué Judá fue invadida, conquistada, por Nabucodonosor y llevada al cautiverio en Babilonia durante los años 604-585 a.C.
Setenta años después del cautiverio, según la profecía de Jeremías (Jeremías 29.10), muchos de la casa de Judá regresaron a la Tierra Santa pare reconstruir el templo y reanudar el culto allí. El profeta Nehemías nos dice por qué habían sido llevados cautivos y esclavizados 70 años atrás:
"En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de reposo; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones... Y reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el día de reposo?" (Nehemías 13.15-18).
¡Ahí lo tenemos en palabras claras!
¡El quebrantamiento del sábado fue la causa principal del cautiverio de Judá!
Ello tenía tanta importancia para Dios, que castigó a su pueblo escogido con este severísimo castigo nacional: la derrota en la guerra, la pérdida de sus tierras y la esclavitud en una tierra extraña.
Dios define el pecado como la infracción de su ley (1 Juan 3.4). Y su ley dice: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo... el séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios". Laborar en el día sábado, profanarlo buscando el propio placer, haciendo negocios, etc., constituye un pecado mayor, ¡cuyo castigo es la muerte eterna! (Romanos 6.23).

Los judíos advertidos

La casa de Judá no tenía justificación. Estaban advertidos por los profetas.
Nótese la advertencia divina por boca de Jeremías:
"Así ha dicho el Eterno: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo... ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el día de reposo, como mandé a vuestros padres... pero si no me oyereis para santificar el día de reposo, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en día de reposo, Yo haré descender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará" (Jeremías 17.21-22, 27).
Esta fue la advertencia, pero la casa de Judá no hizo caso. ¡Veamos pues, qué sucedió!
"Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia [hoy lo llamaríamos General de los Ejércitos o Mariscal de Campo], que solía estar delante del rey de Babilonia. Y quemó la casa del Eterno, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande" (Jeremías 52.12-13).
Cuando Dios advierte, ¡el castigo es seguro!

Por qué fue derrotada Israel

Ahora veamos qué ocurrió al otro reino de israelitas, la casa o reino de Israel, 117 años antes del cautiverio de Judá.
Dios había dado la opción a este pueblo en tiempos de Moisés, mucho antes de que se dividiesen en dos naciones. Léase Levítico 26:
"No haréis para vosotros ídolos, ni escultura... para inclinaros a ella; porque yo soy el Eterno vuestro Dios. Guardad mis días de reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo el Eterno" (versículos 1-2).
Al dar las siguientes promesas en caso de que obedecieran, y citar los castigos para la rebeldía, esta profecía clave sólo hace mención de los dos mandamientos: contra la idolatría y contra el quebrantamiento del día sábado.
Nótese la importancia que tienen éstos:
"Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra..." Dios prometió riquezas y producción nacional en abundancia, y un dominio nacional que habría llevado al dominio mundial (versículos 3-13).
Mas dijo Dios (versículos 14-33) que si rehusaban obedecer aquellos mandamientos, serían víctimas de enfermedades, perderían toda prosperidad durante 2.520 años, serían invadidos, conquistados y expulsados de su tierra y llevados como esclavos a las tierras enemigas.
Ahora bien, recordemos que Dios estableció con ellos un pacto especial, de vigencia perpetua, respecto al día sábado (Éxodo 31.12-17). El sábado se estableció como señal nacional que los identificaría como el pueblo de Dios.
Cuando sobrevino la división y se establecieron dos naciones, y el reino o casa de Israel proclamó rey a Jeroboam, lo primero que éste hizo fue introducir la idolatría y el quebrantamiento del sábado. Cambió las fiestas del séptimo mes al octavo mes, y el día sábado del séptimo al día siguiente, el primer día de la semana, que era observado por los paganos (domingo).
Tal como Dios había advertido, lo anterior trajo como resultado la invasión nacional por el rey Salmanasar de Asiria, la derrota, el cautiverio y la esclavitud en dicho país. 721-718 a.C.
Ahora veamos qué dijo Dios al respecto a través del profeta Ezequiel.
Ezequiel recibió un mensaje de Dios para la casa de Israel (no la casa de Judá). Ezequiel se contaba entre los judíos cautivos, más de cien años después del cautiverio de Israel.
Se comisionó al profeta Ezequiel para que se "fuera" de donde estaba, entre los judíos, a la casa de Israel:
"...Ve y habla a la casa de Israel", dijo Dios (Ezequiel 3.1).
Pero Ezequiel jamás llevó aquel mensaje a la casa perdida de Israel pues era esclavo y no podía hacerlo.
No obstante, ¡se lo está llevando hoy, por medio de la palabra escrita que aparece en su libro, en la Biblia, y por el hecho de que está siendo llevado a esa misma gente hoy a través de la revista La Pura Verdad y el programa de radiofónico El Mundo de Mañana!
¡Se trata de una profecía! ¡De un mensaje para la casa de Israel hoy!

Profecía para nuestros días, ¡para hoy!

Hablando primero de la antigua Israel, Dios dice en Ezequiel 20:
"Los saqué de la tierra de Egipto, y los traje al desierto, y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá. Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy el Eterno que los santifico" (versículos 10-12).
Nótense las palabras exactas del pacto del día sábado, que aparece en Éxodo 31.12-17. Pero continuemos con Ezequiel 20, versículo 13:
"Mas se rebeló contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis estatutos, y desecharon mis decretos... y mis días de reposo profanaron en gran manera" (versículo 13).
Luego Dios exhortó a sus hijos, una generación más tarde:
"...antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. Yo soy el Eterno vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy el Eterno vuestro Dios" (versículos 18-20).
¡Nótelo bien!
Todo énfasis aquí es entre las ordenanzas, los preceptos y los sábados de Dios por una parte, y los sábados, las ordenanzas y los preceptos de sus padres, que eran diferentes.
¡Estaban observando un día distinto del día sábado de Dios! Ya habían adoptado el día pagano, que hoy llamamos domingo... ¡el día del culto al Sol!
Prosiguió Dios a través del profeta Ezequiel: "Mas los hijos se rebelaron contra mí; ...profanaron mis días de reposo" (versículo 21).
¿Qué hizo, pues, Dios generaciones más tarde?
Los dispersó en el cautiverio y la esclavitud nacionales (versículo 23).
¿Por qué?
"Porque no pusieron por obra mis decretos, sino que desecharon mis estatutos y profanaron mis días de reposo, y tras los ídolos de sus padres se les fueron los ojos" (versículo 24).
¡Éste fue el motivo! ¿Tenía ello alguna importancia?
Ahora bien, continuemos analizando esta asombrosa profecía. Tomemos nota de cómo se aplica a nuestros días.
Hablando de una época, quizá de esta década o la venidera, en nuestros tiempos, Dios dice:
"Vivo yo, dice el Eterno, que con mano fuerte y brazo extendido, y enojo derramado, he de reinar sobre vosotros" (versículo 33).
La expresión "enojo derramado" se refiere a las siete últimas plagas, en el tiempo mismo de la segunda venida de Cristo (compare Apocalipsis 16.1). El tiempo en que Cristo reinará sobre la moderna Israel así como sobre todas las naciones es durante y después de su segunda venida. Trátase, pues, ¡de una profecía para nuestros tiempos!
Todas las profecías bíblicas que hablan de dónde estará el pueblo de Israel a la segunda venida de Cristo, y del gran éxodo a la Tierra Santa nuevamente, lo muestran en el cautiverio y la esclavitud otra vez.
Continúa la profecía: "y os sacaré de entre los pueblos, y os reuniré de las tierras en que estáis esparcidos, con... enojo derramado; y os traeré al desierto de los pueblos [próximo éxodo, Jeremías 23.7-8], y allí litigaré con vosotros cara a cara (Ezequiel 20.34-35).
¡Nótese bien! Es el Verbo quien habla... ¡Cristo! Él estará nuevamente sobre la Tierra, en persona, y litigará con la casa de Israel, cara a cara.
¡Ya es hora de abrir los ojos ante la inminencia y la fría seriedad de estos hechos!
Ahora bien, es cierto que ahora usted está escuchando la advertencia de tan sólo una voz solitaria... pero Dios se valió de sólo una voz solitaria para advertir al mundo en tiempos de Noé; una voz solitaria en tiempos de Elías; una voz solitaria en tiempos de Juan el Bautista, y una vez encarcelado éste, ¡la persona de Cristo mismo!
Quien se atenga a la mayoría de la humanidad pecadora sufrirá el castigo con ella.
Nótese en qué forma litigará Dios con la casa de Israel - y con la humanidad en general.
"Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice el Eterno, el Señor... y apartaré de entre vosotros a los rebeldes, y a los que se rebelaron contra mí... y sabréis que yo soy el Eterno" (versículos 36-38).
¿En qué forma litigó con ellos? Él los exhortó: "Santificad mis días de reposo y no los de vuestros padres, para que sepáis que yo soy el Eterno".
¿Y cómo sabremos que Él es el Señor?
¡Por su señal del día sábado!
¡Lea los versículos 42-44 en su propia Biblia! Dice que cuando Israel deponga su rebeldía, cuando guarde el sábado del Eterno, ¡entonces recordará los caminos en que se contaminó y se aborrecerá a sí misma por haber quebrantado el día verdadero de reposo - el sábado del Eterno! ¡Éstas son enseñanzas firmes! ¡Es la palabra de Dios que le habla a usted!